Soraya Hernández,
nacida en Gran Canaria el 17 de julio de 1962, de
padre tinerfeño y madre gaditana. Rebelde por
antonomasia y paseando a contracorriente toda su
vida, se topa con el camino del arte,
después de recorrer tropecientos ambientes también
encaminados artísticamente, casi por
casualidad.
Desde niña siempre
le gustó el baile, para ella primordial en su
vida, siempre en movimiento, hiperactiva, con
iniciativa e inquietudes que nunca ha
perdido. Le
gusta toda clase de música hecha con respeto y
buen gusto, pero adora el ritmo flamenco que lleva
en su sangre.
La vida le lleva a
dar muchas vueltas hasta que topa con aquello que
le hace feliz, afortunadamente, se encontró
con la respuesta a muchos años de búsqueda de
identificación personal.
(...me
gustaba enseñar, eso era evidente, me gustaba la
música, me gustaba crear, y además, no me
importaba estar muchas horas hasta aprender lo que
luego sería un futuro bonito, dar clases de
baile...)
He tenido
mucha suerte al encontrar en mi camino
gente buena, conocí a una señora estupenda,
maestra de danza, que me enseñó los comienzos,
muy dura, pero efectiva, se llamaba Aída
Alonso, y fue mi primera
maestra.
Después
apareció en mi camino un personaje de ficción y
grande del pueblo, artista donde los haya, y
ejemplo de tesón, Félix de
Granada. Me abrió un mundo lleno de
fantasía, la revista musical, el cuplé. Él es
como un libro de historia, se acuerda de todo
como si fuera hoy, y cuando te pones a
escucharlo te quedas atontado, reviviendo y casi
me atrevería a decir, viviendo uno mismo su
pasado artístico. Pues con él aprendí el arte de
los abanicos, los pasodobles, y el comienzo de
mi andadura como coreógrafa, aprendiendo a
dejarme llevar por la inspiración y sus musas,
formando el que hoy el el
Ballet Azabache.